En lo que va de año, en España se han calcinado ya aproximadamente 120.000 hectáreas, una cifra que es más del triple del terreno afectado en el mismo periodo de 2025. Con estos preocupantes números, el nuestro se convierte en el país de la Unión Europea con más superficie quemada en este 2026, según los datos actualizados del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, por sus siglas en inglés).
Con un mes de junio muy seco y tres olas de calor muy intensas en lo que va de verano, el panorama ha sido el propicio para la expansión de las llamas. El fuego en La Mierla (Guadalajara), con más de 32.000 hectáreas afectadas, se ha convertido en el mayor de Castilla-La Mancha y en uno de los peores de la historia de España; Los Gallardos (Almería), además, ha pasado a formar parte de la lista de los incendios más mortíferos de nuestro país, con 13 víctimas mortales.
Con la preocupación puesta ahora especialmente en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila, donde el Gobierno declaró el jueves la emergencia de interés nacional, son muchos los que echan la vista atrás y se preguntan si desde el Ejecutivo central y las comunidades autónomas se han hecho los deberes para evitar que este año sea igual o incluso peor que el de 2025, cuando quedaron arrasadas más de 350.000 hectáreas.
La grave amenaza que enfrenta nuestro país con el fuego se repite cada verano. Y si ya se sabe que va a suceder, ¿por qué no se evita? La realidad, sin embargo, es mucho más compleja que una lista de tareas que se hacen o no se hacen. La situación geográfica de España y los cambios en la población, que han vaciado el mundo rural, han hecho que el problema sea prácticamente inevitable.
Las comunidades autónomas han aumentado sus presupuestos para los incendios
“España es el país mejor preparado para el combate contra los incendios forestales del mundo”, explicaba en una entrevista a Infobae Valentín Gómez Mampaso, ingeniero de montes y portavoz del Instituto de la Ingeniería de España. El problema es que el cambio climático, por un lado, y la pérdida de aprovechamiento de la vegetación mediterránea -que causa que se acumule la biomasa-, por otro, están provocando que los montes cada vez generen más peligro.
Tras los graves incendios forestales de 2025, los presupuestos autonómicos en esta línea se han incrementado en la mayoría de los casos, sumando más brigadas forestales y aumentando su periodo de contratación, así como obteniendo más maquinaria y medios aéreos. A esto se añaden los tratamientos preventivos del monte, como desbroces, cortafuegos o quemas prescritas.
La Comunidad Valenciana (298,47 millones de euros), Andalucía (271,6 millones de euros), Castilla y León (222,7 millones de euros) y Galicia (213 millones de euros) son las comunidades autónomas con los mayores presupuestos para combatir los incendios forestales. También, por ejemplo, Castilla-La Mancha lo ha ampliado en 10 millones de euros con respecto a 2025 (126 millones) y la Comunidad de Madrid destina 52,2 millones. En esta última región se han llevado a cabo trabajos selvícolas preventivos, siegas, pastoreo controlado y repaso de los cortafuegos en una superficie de más de 5.600 hectáreas.
Además, la campaña estatal contra incendios forestales se adelantó una vez más al 1 de junio por decisión del Comité Estatal de Coordinación y Dirección (CECOD) del Plan Estatal de Protección Civil para Emergencias por Incendios Forestales.

Sin embargo, por mucha prevención y planificación que exista, los recursos no son ilimitados y los incendios cada vez golpean con más virulencia al país. “¿Qué preparación y qué medios puedes tener cuando en Castilla y León el año pasado había cuatro incendios en la misma provincia de más de 5.000 hectáreas simultáneamente?”, destaca Gómez. Una problemática a la que se suma el hecho de que, tal y como señala el ingeniero de montes, en España el 70% del territorio forestal es privado y muchos dueños no invierten en la gestión de sus terrenos por la escasa rentabilidad de las fincas de superficie media.
A esto se suma la emergencia climática, que golpea especialmente a nuestro país por su situación geográfica y que provoca olas de calor cada vez más extremas e intensas. “Este año 2026 hemos tenido un invierno muy húmedo, pero una primavera relativamente seca y un junio muy seco, con lo cual la humedad residual se ha perdido más rápidamente y las olas de calor que llevamos hasta ahora están ya favoreciendo la propagación de los incendios”, explica en declaraciones a Science Media Centre España Cristina Santín, investigadora en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (CSIC-Universidad de Oviedo-Principado de Asturias).

Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio, señala que dentro de poco ya no se podrán descartar “escenarios dantescos” como los que se viven en California o Australia, con incendios “que llegan a los cientos de miles de hectáreas o incluso al millón”.
“El año pasado, por ejemplo, tuvimos una sincronización de frentes de distintas decenas de miles de hectáreas que, si se hubieran juntado (y algunos estuvieron a punto de hacerlo), hubieran dado lugar a estos complejos de incendios de más de 100.000 hectáreas, y esa es la situación en la que nos encontramos actualmente”.
¿Ha fallado la prevención de los incendios en España?
Algunos expertos indican que lo que está ocurriendo este mes de julio en los terrenos forestales de España no se puede achacar a fallos en la prevención. “Por supuesto, mejorar la prevención es prioritario”, explica Santín. “Pero creo que también es importante entender que, por muy bien que se haga la prevención, el riesgo de grandes incendios es cada vez mayor”.
Esto se debe en buena medida a la mayor existencia de ‘combustible’ para el fuego por el aumento de la vegetación, “principalmente por el abandono de usos tradicionales en las zonas rurales” y porque “esta vegetación pasa más días al año ‘lista para arder’ por el cambio climático’”, indica la experta, como recoge SMC España.
Juan Caamaño, responsable del Área de Capacitación de la Fundación Pau Costa, añade que el concepto de prevención tiene múltiples capas que deben abordarse —“las sociales, las de gestión del territorio, planes comarcales y municipales, el concepto de autoprotección en nuestra sociedad”— y que no pueden tratarse todas de un año para otro.
“Es una forma de entender el riesgo que genere una cultura a todos los niveles, sociales y políticos, que priorice la prevención en todas sus dimensiones, y esto necesita tiempo y un cambio cultural frente a los riesgos a los que nos enfrentamos como sociedad. Lo de la limpieza del monte es un concepto muy muy simple para un problema estructural sumamente complejo”.
Por su parte, Víctor Fernández García, profesor del Área de Ingeniería Agroforestal en la Universidad de León, sí critica la falta de gestión del monte. “Se ha avanzado poco en el uso de quemas prescritas, una herramienta viable y relativamente económica para reducir la cantidad de vegetación acumulada y crear discontinuidades en el paisaje”.

También denuncia este tema, según recoge SMC España, Eduardo Rojas, profesor de la Universitat Politècnica de València y exsubdirector general de la FAO, que cita a la exalcaldesa de Orea (Guadalajara), Marta Corella: “Un pueblo que no huele a madera, olerá a humo”. “Nos equivocamos si pensamos que podemos dejar una parte considerable de nuestro territorio en un limbo y sin gestión alguna”.
“En la prevención ha fallado la planificación y la ejecución”, afirma Resco de Dios. “Tenemos que gestionar, como mínimo, en torno al millón de hectáreas y tenemos que hacerlo de una manera inteligente, a través de distintas escalas”.
2026 amenaza con ser peor que 2025
Ante el significativo aumento de las hectáreas afectadas por los incendios forestales en las últimas semanas, se teme que 2026 se convierta en un año más crítico que 2025, considerado como el peor en tres décadas.

Sin embargo, el fuego es impredecible y lo ocurrido durante el invierno —en el primer trimestre de 2026 se quemaron casi 13.000 hectáreas, más del doble que en el mismo periodo de 2025— o en julio no implica necesariamente que el resto de los meses vayan a seguir la misma línea de virulencia. “Si este año el verano va a ser peor o mejor, no lo sabemos”, indicaba a Infobae el ingeniero de montes Gómez Mampaso.
Sin embargo, algunos expertos ya anticipan que, a medida que avance el verano, la suma de más carga de combustible recrudecerá la situación. “Mientras no llueva, el combustible irá empeorando su condición”, apunta Caamaño. “Lo único que nos queda es observar el viento, las tormentas secas que nos multipliquen el número de igniciones en un momento temporal muy corto y que hagan que los sistemas de emergencias se vean sobrepasados. Estos dos parámetros son los que determinarán verdaderamente cómo acabará la campaña. Todavía quedan dos meses duros por delante”.